500 y contando...

Cada cierto tiempo parece que hay que machacar sobre el mismo tema, una y otra vez, a ver si finalmente entendemos que el planeta no es sólo nuestro, que lo compartimos con millones de especies y que al paso que vamos el futuro pinta muy negro si seguimos tercamente, y contra toda evidencia, por el mismo camino.



Al paso que vamos el futuro de nuestro planeta azul será muy negro, un gran desierto con pequeños oasis verdes, pero hay esperanza, es hora de actuar a nivel individual, colectivo, privado y estatal. Imagen Comfreak - Pixabay


Desde el año 1900 más de 500 especies animales han desaparecido del planeta por actividades humanas, un exterminio sistemático que ha visto desvanecerse a seres vivos que jamás podremos recuperar. La cifra da para reflexionar de manera urgente y reiterativa en el tema medio ambiental, aún a riesgo de ser comparado con ese Testigo de Jehová que golpea a nuestra puerta todas las semanas y nunca se rinde.


No sólo hemos borrado de la tierra más de 500 especies en 120 años, si no que otras 500 podrían desaparecer por completo en los próximos 20 años, según informa el periódico Inglés The Guardian en artículo reciente. La organización sin ánimo de lucro WWF, World Wide Fund for Nature (Fondo Mundial para la Naturaleza), publica en su página web un trágico listado de las desapariciones inminentes, cuyo enlace copio al final de esta columna.


En febrero de éste año toqué el tema del cambio climático a raíz de los incendios apocalípticos que azotaron a Australia por varios meses hacia finales de 2019, una de las experiencias más tristes y fuertes que me ha tocado vivir. Hoy insisto en el tópico ambiental con la misma urgencia.


Allí mencioné cifras realmente preocupantes y el hecho de que aunque exista un documento firmado por 195 países hace ya casi cinco años en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, las medidas NO se están cumpliendo a cabalidad en numerosas regiones del mundo, haciendo gala de un total desprecio por las criaturas que comparten el planeta con la raza humana.


Los niños parecen comprender esta trágica realidad mejor que nosotros los adultos, no es sino ver su reacción cuando están en contacto con animales, en la naturaleza; su emoción, su cariño y admiración por esos seres que habitan la tierra con nosotros. Pero crecemos y parece olvidársenos todo, en demasiadas ocasiones desaparece con los años esa sensación especial, esa ternura, ese contacto casi espiritual con la madre tierra, es hora de recuperarlo.


El crecimiento sin sostenibilidad nos llevará al desastre. Sobrevivirán algunos, seguro, pero vivirán en un desierto, habiendo tenido la posibilidad de hacerlo en un paraíso. No lo viviremos nosotros, que hemos tenido la fortuna de disfrutar de la naturaleza y sus especies, y también de ser testigos desde el siglo XX de cómo hemos ido acabando con flora y fauna por nuestro apetito insaciable de dinero. Porque al final todo se reduce a eso, a enriquecerse sin miramientos de ningún tipo. A muchos ni siquiera los seres humanos les importan, son simples cifras, ¿qué se podrá esperar entonces para la vida salvaje de nuestra casa azul?


Las economías meramente extractivas son las que más sufren, por estar localizadas en su gran mayoría en los países más pobres. Cientos de compañías que en sus países son muy cuidadosas con el medio ambiente por la legislación draconiana vigente, caso Suiza, Canadá, Inglaterra, EEUU, y una larga lista más… violan sin ningún recato la ley en otras tierras con la complicidad de torcidos funcionarios locales.


Está comprobado hasta la saciedad que la minería irresponsable, entre muchos otros efectos funestos, afecta las napas acuíferas, los cursos de agua naturales, los suministros de agua domésticos y rurales, los bosques nativos, la calidad del aire y un sinfín más, aumentando las concentraciones de sustancias químicas como arsénico, mercurio y ácido sulfúrico en amplias zonas cercanas a los proyectos, poniendo en riesgo vital a las especies endémicas y también a los habitantes de su zona de influencia. Ni hablar del nefasto fracking o de los desmanes de la industria petrolera…


El documento Impactos de la minería en el medio natural, del geólogo español Javier Lillo, da cuenta del fenómeno de manera muy gráfica y sencilla de entender.


Ya existen numerosos estudios para mitigar esos indeseables efectos, una aproximación importante la reseña el artículo ¿Podemos mitigar los impactos ambientales de la minería?, publicado por el Instituto Americano de Geociencias, vale la pena leerlo, ¡pero sobre todo que los responsables lo pongan en práctica!


También es cierto que muchos países en vías de desarrollo explotan sus recursos a costa de su fauna y flora por física necesidad, ahí es donde entra la responsabilidad de los países desarrollados, que son los que mayor polución generan y los que más materias primas y energía demandan. La mezquindad con que enfrentan su compromiso con el planeta y con los países pobres es digna de Harpagón, el famoso personaje central del Avaro de Molière.


Recomiendo, si aún no lo han visto, el último documental de Sir David Attemborough “Una vida en nuestro planeta”, estrenado a comienzos de octubre en Netflix. Es un testimonio de valor incalculable sobre el impacto humano en la naturaleza, narrado en primera persona por el que es sin duda uno de los seres humanos que más conoce del tema, habiendo visitado los cuatro puntos cardinales a través de una vida dedicada a exhibir y defender nuestro hogar terráqueo y todos sus seres vivos.

Sir David reflexiona sobre la devastación de la que ha sido testigo de primera mano en sus 94 años de vida, el impacto terrible del hombre en su entorno. Pero ofrece alternativas, entrega esperanza, aunque no nos pasa un cheque en blanco; para cambiar el actual rumbo suicida hay que actuar ya, protegiendo nuestro planeta para las generaciones futuras.


Un documental imperdible para entender la tragedia medioambiental y sacar conclusiones para enmendar el camino. Imagen Archlight Cinema.


Sin embargo, contra toda evidencia científica, aún persisten los negacionistas, que cual terraplanistas del siglo XXI, insisten es negar la verdad y la ciencia. A los Bolsonaro, Trump, Morrison y Murdoch de éste mundo, se suma inexplicablemente una legión de paranoicos que cree que el tema no es más que una conspiración de los progres -en cabeza de Soros- que andan haciendo marchas inútiles lideradas por una muchachita sueca de 16 años...

Ven la realidad como si fuese una película de ficción, ¡PERO NO LO ES! Son testigos de la tragedia ambiental desarrollándose frente a sus ojos y siguen votando a los mismos idiotas irracionales que niegan lo evidente.

Algunos gobiernos de países desarrollados llevan décadas dando palos de ciego, con una total falta de compromiso para pisar callos poderosos, los de aquellos que sólo observan atentamente su tabla Excel y no miran las gotas de sangre que escurren de sus balances financieros. Son desgraciadamente y entre otras, cientos de compañías mineras y petroleras sin Dios ni Ley, avaladas por gobiernos ciegos y sordos que se abren de piernas en nombre del “progreso” y el crecimiento a cualquier costo.

Un ejemplo -que reseñé en la columna Arde París de febrero 2020- ilustra adecuadamente lo anterior, por lo que vale la pena traerlo nuevamente a colación:

En 2007 el ex primer ministro laborista australiano Kevin Rudd, siendo líder de la oposición hacia el final del largo mandato del conservador John Howard, comisionó al profesor Ross Garnaut para elaborar un completo reporte sobre el cambio climático, el medio ambiente y su cuidado.

Dicho informe, seguido de un segundo en 2011, fue categórico. De no reducir las emisiones de CO2 de manera radical (entre muchas otras medidas de mitigación), Australia enfrentaría un gravísimo escenario en su agricultura y amenazaría con destruir la cuenca Murray-Darling, fuente vital de irrigación para el país y la Gran Barrera de Coral, entre muchos otros ecosistemas.


Sin embargo una vez recuperó el poder el partido liberal de Tony Abbott en 2013, comenzó la demolición y la campaña de desprestigio a los reportes de Garnaut y a las medidas preventivas que sugería. La tarea continuó durante el gobierno de Turnbull con el apoyo irrestricto de los medios conservadores de Ruppert Murdoch y se ha enquistado ahora en el gobierno de Scott Morrison, que ha decidido hace pocas semanas dar un impulso enorme al uso de gas y carbón, evadiendo la búsqueda de alternativas verdes y ampliando el consumo de combustibles fósiles con todas las consecuencias que ello conlleva. Como el cangrejo, para atrás.

Bien entrados en el primer cuarto del siglo XXI es inconcebible que el tema ambiental no sea central en cualquier propuesta de gobierno, nacional o internacional, urgen políticas supranacionales de obligatorio cumplimiento, so pena de sufrir fuertes sanciones, pero con gobernantes negacionistas o derechamente corruptos, la tarea se hace muy cuesta arriba.

Afortunadamente cada día son más las voces que se alzan para defender nuestra diversidad y nuestra riqueza natural, y aunque muchas veces estén atomizadas en la jungla digital, su tarea es imprescindible. Son verdaderos héroes de nuestro tiempo, a quienes liviana y pérfidamente califican de fanáticos, sufriendo las críticas y las burlas de los iluminados ciegos y sordos que no ven más allá de su propia comodidad.

La iniciativa personal es muy importante, pero más lo son las legislaciones nacionales. Hoy en día ni siquiera pensaría en endosar mi voto por un candidato que no tenga como eje central de su mandato al medio ambiente y su cuidado.

Chile ha estado por estos días en las portadas del mundo con los resultados apabullantes del plebiscito constitucional convocado el pasado 25 de octubre. El mensaje fue claro: un cambio tangible para garantizar los derechos básicos a todos sus ciudadanos. De igual manera habría que impulsar con urgencia una agenda de derechos de los animales, de los cursos de agua, de los océanos, de los bosques, de la vida en todas las formas no humanas.

Mi voto para la asamblea constituyente será sin duda por quién demuestre un compromiso real con nuestros recursos, que legisle para proteger y no sólo para extraer. Que quien use un árbol, lo replante, que quien ensucie, limpie, que quien use, reponga, que sus ingresos no sean un desastre para el planeta y sus seres vivos.

Quienes tenemos por oficio informar no podemos dejar de machacar y machacar en esto, si no cuidamos la casa… ¡¿qué nos queda?!

Cazamos especies incluso por deporte. ¿A qué ser humano medianamente cuerdo le puede caber esto en la cabeza? ¿Estamos definitivamente chalados? Felizmente y como ya lo señalé, cada día existe más conciencia, denuncia y compromiso para con el planeta. Pero el camino es largo y tortuoso, falta mucho para cantar victoria.


El mundo por otra parte necesita cada día nuevos materiales, nuevas tecnologías, el gran desafío es obtenerlas con el menor impacto posible al medio ambiente, usando extensivamente herramientas de I+D y fomentando a través de diferentes estímulos, no sólo monetarios, la innovación y la creatividad, esa misma que en nuestra región tantas veces usamos para la pillería y la viveza aprovechada.

Hemos dejado de escuchar a nuestros pueblos originarios. Los hemos invisibilizado, los hemos exterminado, nosotros, los reyes y amos del universo. Los indígenas que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia nos llaman ‘sus hermanos menores’, esperando que algún día crezcamos y entendamos que hombre y naturaleza son solo uno y que todo lo que le hacemos a la madre tierra tiene consecuencias y está ligado indefectiblemente al latido planetario.

Es hora de escucharlos. En buen momento se ha garantizado por ley la presencia de los pueblos originarios en la redacción de la nueva constitución que regirá los destinos de Chile en las próximas décadas, ellos formarán parte de la convención constitucional y su voz será escuchada, ojalá estemos atentos y con el oído dispuesto. La WWF asegura que reconocer los derechos indígenas sobre sus tierras se hace imperativo para salvaguardar el 80% de la biodiversidad del planeta, nada más y nada menos.

Y hablando de leyes, si las legislaciones nacionales e internacionales son de vital importancia, también lo son las decisiones individuales y colectivas de la ciudadanía. Es increíble que en pleno siglo XXI las notarías, los bancos, el sector de comercio exterior y tantos otros, exijan documentos originales impresos en papel (¡!).


Para el caso del comercio exterior, por ejemplo, la huella de carbono es inmensa. Para enviar un centenar de documentos de una sola compra internacional se utiliza papel, tinta, envoltorio plástico, transporte aéreo y terrestre. ¿Para qué? Si tenemos la posibilidad hoy en día de hacerlo en forma digital. ¿Cuánta polución y presión sobre los recursos naturales de nuestro planeta nos ahorraríamos con esa simple decisión? Ya existen las firmas electrónicas y una gran parafernalia digital que hace esto perfectamente factible.


Las notarías (ese fardo burocrático heredado de España) son responsables de la desaparición de bosques enteros, con el consecuente desplazamiento y desaparición de las especies que los habitan. ¿O de dónde creen que salen las miles de toneladas de papel que usan diariamente? Y así suma y sigue, hay miles de maneras de contribuir si usamos el sentido común.

Desde lo individual debería ser obvio el consumir inteligentemente, usar menos papel en las casas y oficinas, minimizar el uso de empaques desechables, limpiar y reutilizar mascarillas que así lo permitan, caminar o usar la bicicleta en lugar del auto para ir a la tienda de la esquina… son todas iniciativas que se han repetido hasta el cansancio… y aún así son demasiados los que siguen sin entender. ¿Qué mundo le quieren heredar a sus hijos? ¿Habrá un mundo como lo conocemos en cien años? ¿Habrán sido suficientes quinientas especies extintas, hasta ahora, para que reaccionemos de una vez por todas?

Progreso si, crecimiento económico y social si, pero de una manera responsable y sustentable, que proteja nuestra casa, de lo contrario el futuro de nuestro magnífico hogar azul será negro, muy negro…

ADENDA

Les dejo unos enlaces para ir entendiendo…

Listado de especies en peligro de extinción de WWF:

https://www.worldwildlife.org/species/directory?direction=desc&sort=extinction_

status

La importancia de reconocer a los pueblos indígenas y sus tierras según la WWF:

https://www.worldwildlife.org/stories/recognizing-indigenous-peoples-land-interests-is-critical-for-people-and-nature

David Attenborough lanzó recientemente su cuenta oficial de Instagram para apoyar su documental “A life on our planet”, vale la pena seguirlo en @davidattenborough.

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