Mentiras verdaderas

Ríos de tinta y sesudos análisis (algunos no tanto valga aclarar) hemos visto en los medios con respecto al informe del cambio climático presentado recientemente por el Panel Intergubernamental de Naciones Unidas. ¿Ahora sí? ¿Ahora sí debemos creerle a la ciencia por encima de los intereses económicos y la apatía política? El mundo está irreversiblemente afectado y miles de especies han desaparecido para siempre por culpa del hombre, por mi culpa, por mi propia culpa…


Es hora de cambiar en serio para legarle un planeta habitable a las nuevas generaciones. Imagen Pixabay


Con las excepciones de siempre y algunas otras, el mundo entero se da golpes de pecho con el informe, en un acto de contrición tardío y mentiroso, porque los datos se tienen hace décadas, se ha informado al respecto hasta la saciedad, pero nada ha funcionado del todo, ni el acuerdo de París, con todas sus buenas intenciones, ni ninguna de la reuniones COP para el cambio climático organizadas por Naciones Unidas, van 25, y la 26 se encuentra pronta a comenzar en Glasgow el 31 de Octubre próximo.


Ahora que el lapidario informe de la ONU está recién salido del horno es de esperar que el compromiso de todos los gobiernos se transforme en acciones tangibles y que de Glasgow salga algo más que declaraciones rimbombantes y convenios que pocos cumplen. A ver si ahora si.


La aplastante evidencia no hace sino confirmar que sin un compromiso real y efectivo de toda la sociedad continuaremos mordiéndonos la cola mientras la hecatombe climática arrasa con todo. Algunos gobernantes, por no decir la mayoría, manejan la situación como si fuese un cataclismo a futuro, para el cual contamos con tiempo de sobra, descartando los efectos en tiempo real que la tierra está padeciendo hoy, ahora, ¡ya!


Como lo he dicho en anteriores oportunidades la urgencia de actuar no es un invento de científicos catastróficos, activistas fanáticos o progres anti-sistema, es un hecho incuestionable. Se ha perdido un tiempo preciosos en debates estériles, teorías insulsas y desinformación que sólo han contribuido a retrasar lo que hemos debido comenzar a hacer desde hace 40 años, a lo menos.


Pero todas las buenas intenciones se han estrellado contra el muro de los intereses económicos de industrias y corporaciones con más poder que muchos países juntos, es la verdad, la culpa de todo no es sino de la codicia, la avaricia para invertir en investigación y desarrollo y la falta de voluntad política, sobre todo en nuestra región.


Hay cientos, si no miles de proyectos alrededor del mundo desarrollados por verdaderos héroes, que contra viento y marea van logrando avances importantes en tecnologías que nos permitan reemplazar combustibles fósiles, limpiar el desastre en que hemos transformado nuestros mares y cuidar el poco territorio que aún no ha sido explotado, mancillado, abusado. Pero se necesita respaldo estatal sin cortapisas.


Es que hemos tratado a nuestro querido, y por ahora único planeta, como una meretriz, como a un esclavo, explotándolo hasta convertir algunos lugares en verdaderos desiertos, hasta que caiga rendido y se lleve todo consigo si no actuamos ya.


Es increíble que países industrializados como Australia, o los Estados Unidos con Trump, (que en buena hora está desapareciendo del radar público, ojalá para siempre), continúen contra toda evidencia pasándose por la faja los acuerdos internacionales, como si viviesen en otro planeta, o sus hijos tuvieran comprada una parcelita en Marte.


El paria de Scott Morrison (por intentar definirlo de alguna manera que no haga arder algunos ojos), primer ministro de Australia, se ha empeñado durante todo su mandato en desarrollar proyectos gasíferos e insiste con promover el uso del carbón, contra toda evidencia, mucha de ella generada en su propio país. Durante su mandato ardió medio continente con incendios infernales y ni siquiera eso lo ha hecho enderezar el rumbo.


De la mano de la ineptitud y los intereses oscuros de gobernantes como Morrison, va la desinformación promovida por otro australiano infame, dueño de un imperio mediático llamado News Corp. A través de sus medios de comunicación, con periodistas inescrupulosos, Rupert Murdoch ha hecho un daño tremendo a las iniciativas pro ambientales alrededor del mundo entero, tildándolas falsamente de alarmistas, mentirosas y causantes de daños irreparables al comercio.


Afortunadamente hay grupos que están combatiendo la manipulación informativa de organizaciones como News Corp.


De ahí la importancia de viralizar informes como el recientemente publicado por la ONU. Gracias a ello News Corp ha bajado la guardia por ahora con el tema, ya que ir en contravía de las evidencias quita votos a sus secuaces, pero ya volverán a la carga, son ciegos y sordos, lo único que los motiva es la codicia. Por ello es vital el compromiso de los gobiernos para poner a este y otros personajes similares en cintura, algo muy complejo si continúa operando la puerta giratoria que lleva a funcionarios del mundo privado a posiciones oficiales y viceversa. Nadie en su sano juicio puede creer que entran y salen del Estado impolutos, es una práctica que debiese cesar de inmediato, con períodos sustanciales de inhabilitación, en especial si el rubro empresarial coincide entre lo público y privado.


Infortunadamente los malos ejemplos abundan, en Colombia con el fracking y la aspersión del venenoso glifosato como “solución” a la siembra de matas de coca, en Chile proyectos como Dominga (puerto y mina) o la expansión de la Mina Los Bronces de Anglo American (en el jardín trasero de Santiago), generan un impacto ambiental pavoroso, y aún así ganan la codicia y el afán de un crecimiento sin sustentabilidad que resulta nefasto para el futuro. El caso es igual en cada país de nuestra región y medio planeta.


Con contadas excepciones el mundo empresarial ha sido absolutamente pasivo en su compromiso con el medio ambiente, por lo que la única alternativa es escoger funcionarios públicos probos, en cuyos programas de gobierno el cuidado del medio ambiente esté muy alto en la lista de prioridades y tengan la voluntad política de enfrentarse a los tiburones.


Iniciativas como la ley REP (Responsabilidad Extendida del Productor) que entró en vigencia en Chile en marzo de este año, son vitales para controlar y regular a quienes aún no entienden el alcance de sus malas prácticas.


No se trata de generalizar, hay muchos empresarios que desde hace tiempo han ido mejorando sus procesos de manera sustancial sin necesidad de que los obligue la ley, pero no nos engañemos, todos los demás, que son la mayoría, no actuarán si no son forzados a hacerlo, por eso se necesita un gobierno con claro mandato de la ciudadanía que lleve a cabo las reformas necesarias ipso facto, fiscalice de manera implacable a quienes no cumplen la ley y promueva el avance, hasta ahora paquidérmico, de legislaciones medioambientales que duermen el sueño de los justos hace lustros en algún cajón perdido de los cuerpos legislativos.


Pero además de regular, los gobiernos deben crear incentivos para impulsar la innovación y el desarrollo de nuevas tecnologías que contribuyan a una verdadera economía circular. Un ejemplo claro es el de los componentes utilizados para generar energía solar fotovoltaica, que en promedio tienen una vida útil de 25 a 30 años. Casi todos los materiales son reciclables, pero el proceso es complejo y poco rentable, por ello el apoyo estatal es primordial. Según el portal de noticias The Conversation, los paneles solares obsoletos generarán entre 60 y 78 millones de toneladas de desechos a nivel mundial en el año 2050. Ojalá que los remedios no nos resulten peor que la enfermedad por falta de planeación.


Afortunadamente han sonado las alarmas y la tendencia es ya definitiva en el mundo entero. Ya nadie puede argüir que no sabía o que comenzará a actuar en el futuro porque no es un tema urgente, lo es, y mucho. Estimado lector, para la próxima elección de funcionarios públicos, e independientemente de su ideología política, por favor vote a conciencia por aquellos que trabajarán en pos de cuidar nuestro planeta.


Aunque es obvio, hay que recordar que junto a las iniciativas estatales y empresariales tiene que haber un compromiso personal en toda la sociedad, cada uno debe aportar desde su vereda, no podemos exigir sin contribuir. Controlemos el consumo desaforado, compremos de manera inteligente, generemos menos desechos, dispongamos de ellos de manera adecuada, más bicicleta y caminata que automóvil, en fin, nada nuevo, todos lo sabemos, pero hay que ponerlo en práctica todos los días.


Todo aquello que News Corp y similares han calificado por años de mentiras alarmistas ha sido corroborado por el panel de expertos de la ONU de manera contundente, hoy no hay excusa posible, es un hecho que resultaron ser mentiras verdaderas.

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