Migración, nada nuevo bajo el sol...

Ya desde los orígenes de nuestra especie grupos de homo-sapiens migraban a otros terruños en busca de alimento y cobijo.


En Homo Sapiens, fascinante libro de Noah Yuval Hariri, (De hombres a dioses, en español), el primero de una serie de tres, el escritor relata la marcha de un grupo de cazadores – recolectores por las heladas praderas europeas, buscan nuevos cotos de caza y otras especies vegetales para alimentarse… ¡De esto ya hace más de 30 mil años!


Qué nos sorprende que hoy millones de personas busquen sobrevivir migrando a terrenos más fértiles? Las fronteras nada significan para quien busca sobrevivir. Y como una sola raza deberíamos tener una aproximación generosa y humana a este fenómeno, exacerbado en las últimas décadas debido principalmente a conflictos bélicos, causas económicas, políticas y religiosas, y a la ambición desmedida y la tiranía de algunos que usan el poder para someter a otros en su propio beneficio, a cualquier costo.


La historia de la humanidad está ligada de manera inexorable a la migración. El primer mundo de hoy parece haber olvidado que sus cimientos están construidos sobre los huesos y la sangre de los habitantes originarios de África y América, a quienes secuestraron, vendieron, traficaron, explotaron y desecharon como cuesco de fruta consumida. Ni hablar del saqueo descarado de sus riquezas, que aún hoy adornan catedrales, palacios y museos a lo largo y ancho de Europa. ¿Y hoy cierran sus puertas a los migrantes?  Vaya manera de pagar su deuda histórica.


Los imperios Holandés, Español e Inglés, entre muchos otros, crearon su riqueza con actividades que hoy en día llevarían a sus perpetradores directo a la cárcel y a la picota pública. Sin embargo hoy en día Europa cierra sus puertas a quienes buscan un mejor porvenir, no hay lugar a la generosidad, a la humanidad, a ver al otro como un igual, que no tiene la culpa ni de su color, ni de donde nació, ni de qué lengua habla. Qué corta y conveniente memoria la de Europa, la de EEUU y la de todos los países que hoy se han vuelto xenófobos, cuando sus raíces están intrínsecamente ligadas a los movimientos migratorios.


Lo peor de todo esto es que aún hay categorías de hermanos humanos que son aceptables o no. En Australia existió por muchos años lo que se llamó “White Australia Policy” (Política de Australia Blanca), bajo la cual se prohibía la entrada a todos los inmigrantes no europeos, incluyendo asiáticos, negros y poblaciones de las Islas del Pacífico. Esta vergüenza terminó finalmente en 1966, cuando el primer ministro Harold Holt promulgó un Acto Migratorio para que migrantes de diferentes lugares del mundo pudiesen vivir en Australia, con un foco especial en los refugiados de la guerra de Vietnam. Esto sucedió hace 53 años! Y sin embargo en pleno siglo XXI vemos como políticas similares se han extendido por todo el planeta, empezando por el infame muro del señor Trump, él mismo descendiente de migrantes y cuyo padre huyó del servicio militar alemán para recalar en Nueva York.


El reciente éxodo Venezolano es un ejemplo vivo en nuestra Suramérica. Numerosos migrantes del país caribeño relatan episodios de xenofobia en Chile, Colombia, Argentina, Perú, República Dominicana y otros países de la región.


Entre los casi 260 millones de migrantes registrados en 2018 (cifras de Naciones Unidas - ACNUR), que migran por diversas razones, se encuentra un 10% que lo hacen en calidad de refugiados de la guerra, el conflicto y la persecución, es decir más de 25 millones de personas obligadas a dejar su hogar por motivos ajenos a su voluntad!



Según Naciones Unidas los inmigrantes representan menos del 4% de la población mundial, cifra que no ha variado significativamente en los últimos cien años, sin embargo el porcentaje de refugiados sobre ese total sí lo ha hecho exponencialmente.


El informe de 2018 publicado por la oficina del alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados da cuenta de cifras pavorosas y en creciente aumento, rompiendo todos los récords previos de personas que buscan un futuro mejor en un lugar seguro.

Sin embargo países como EEUU han dado luz verde a políticas restrictivas y deshumanizantes para impedir que los migrantes busquen un futuro posible. La Corte Suprema de ese país acaba de aprobar una medida que exige a los migrantes solicitar y ser negado el asilo en otro país antes de aplicar en EEUU, una medida que tendrá un impacto enorme en todos los refugiados de Centroamérica, incluyendo miles de familias y niños.


Tema complejo si los hay, pero no por su complejidad menos abordable. Ya que los países ricos y con recursos cierran sus fronteras, debieran por lo menos concentrar su atención en crear grupos interdisciplinarios que trabajen in situ en pos de mejorar el futuro de las naciones con mayor número de emigrados-refugiados, como Siria, Venezuela, Congo y similares, sin embargo los intereses económicos-geopolíticos y una falta total de humanidad les impiden pasar a la acción, no logran entender que esto sólo irá en aumento si no se combaten de raíz las causas que lo originan, los botes seguirán llegando…


Hay un dato curioso al respecto, los países más pequeños tienen una proporción de migrantes mucho mayor que la de los países más grandes. Por ejemplo Suiza, con un 29% de inmigrantes, se sitúa por delante de los Estados Unidos o Francia, mientras que Luxemburgo tiene una proporción aún mayor de 46%. El tamaño de la población nativa incide en éstos cálculos, por ejemplo India tenía apenas un 0,4% de inmigrantes en 2015, y China todavía menos, un 0,07%.


Humanidad, generosidad, solidaridad, parecen ser bienes muy escasos entre las naciones poderosas de hoy. Probados están de sobra los beneficios de la inmigración en los cuatro puntos cardinales, el 99% de ellos llegan a trabajar duro, generalmente en peores condiciones que los locales mientras se abren paso, contribuyen con sus costumbres, su gastronomía, y sus tradiciones a enriquecer las culturas nativas que los reciben. Y claro hay un porcentaje pequeño de manzanas podridas que llevan desorden, delincuencia y otras lacras consigo, pero Dura Lex , Sed Lex, a éstos debe caer todo el peso de la ley, lo que no se puede es echar a todo el mundo en el mismo saco, como tiende a suceder con la xenofobia galopante de algunos.


NADIE, mi estimado lector, NADIE en este azul planeta que habitamos, puede negar un ancestro migrante, y eso debería por lo menos humanizarnos, ayudarnos a buscar la manera de acoger a estas masas de co-terráqueos que tienen el mismo derecho que los más afortunados a vivir una vida digna y segura, sin hambre, guerra y miseria.


Nunca lo anterior se me hizo más claro que viendo la fabulosa serie One Strange Rock (Una Extraña Roca), narrada por Will Smith, donde se comprueba hasta la saciedad que todos somos uno, fruto del polvo de las estrellas, y provenimos de un mismo tronco, interconectado y complejo, fruto de millones de años de evolución.


No podemos transformarnos en islas desconectadas unas de otras, vivimos en el mismo planeta, somos tripulantes de la misma nave espacial llamada tierra, que suspendida en el medio de la nada, avanza hacia su propia destrucción si no hay un cambio de paradigma, desde nuestros hábitos de consumo, hasta cómo vemos a nuestro hermano terráqueo, sin importar su accidental lugar de nacimiento.

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